La angustia de una madre que quiere rescatar a su hijo de la calle

María Edith Ramírez ha vivido recorriendo el Valle y zonas del país para encontrar a Marco Antonio Torres. Su hijo perdió el rumbo, cuando cuando supo que su esposa, una filipina con la que pensó iba a ser feliz, se había marchado con sus tres hijas.

Entonces, en una cárcel de Holanda, renunció a la nacionalidad de ese país y lo deportaron a Colombia, donde va y viene sin paradero fijo. El último sitio donde María Edith llegó para rescatarlo fue el llamado Bronx, ese corazón deteriorado de Bogotá, entre las calles 9 y 10 y las carreras 15 y 15 A, que se convirtió en el principal centro de expendio y consumo de drogas de la capital del país, luego del desmonte de la calle de El Cartucho.

María Edith narra que no ha dejado de sufrir por la desaparición de ese hijo amado, que entró en una depresión interminable. La historia empieza hace más de dos décadas, cuando ella, una tulueña, viajó a buscar oportunidades en Holanda, donde solía vivir el Marco Antonio que veía sonreír junto a sus hijas. A esta nación de los Países Bajos, Marco Antonio llegó siendo un niño y a los 15 años conoció a Mery Yen, una filipina que era de su misma edad. Fue la corriente de amor entre dos adolescentes, inmigrantes de países en extremos del mundo. Se enamoraron y tuvieron a sus tres hijas, en escasos cuatro años. “Ellos eran muy trabajadores y se querían”, dice María Edith. Marco Antonio trabajaba como comerciante de mercancías. Les iba bien, a decir de la mamá, porque compraron un apartamento en Filipinas, donde irían algún día a vivir.

Pero a fines de 2010, la pareja regresaba en vehículo de una reunión. En el trayecto a casa, el carro arrolló a un joven. En medio de su azar, el colombiano siguió su marcha, según María Edith. Dos días después, las autoridades lo localizaron en su casa. Marco Antonio se responsabilizó de todo y lo procesaron, en particular, por evadirse. La justicia le dictó 18 meses de prisión.

María Edith cuenta: “Mi hijo llevaba tres meses en prisión, cuando Mery Yen fue a decirle que se iba de viaje y que no volvería. Ella entregó la casa que tenían alquilada y se fue con las niñas. Mi hijo tuvo semanas después una salida de la cárcel y vio en redes que se anunciaba el matrimonio de ella en Noruega con un ciudadano de ese país”.

En Holanda no le habrían puesto ningún tropiezo para viajar porque era la madre y las niñas llevarían el apellido del acompañante. En Colombia no hay viaje sin registro ni permisos autenticados en notaría. Marco y Mery nunca se casaron. Como lo señala el Mapa Mundial de la Familia del 2017, de Child Trends, The Social Trends Institute, y otras instituciones, “el matrimonio se está volviendo menos común”.