Hace casi cuatro años *María llegó al parque Panaca con un grupo de casi 40 exguerrilleros que se capacitarían en prácticas agrícolas como parte de su proceso de reincorporación a la vida civil, sin embargo y gracias a su carisma, la joven se ganó el cariño de los empleados y visitantes al parque temático, ubicado en Quimbaya, Quindío.
“El cambio ha sido muy grande, porque uno sale del grupo armado sin ningún conocimiento, yo nunca había ido a una escuela, ni a un cine ni nada. Tengo que agradecerle mucho a Panaca porque terminé mis estudios, y me dieron un empleo”. Además agregó que “trabajar con los animales me ayudó a superar mi pasado y salir adelante», contó la mujer de 22 años.
María creció en medio del campo de batalla, pasó 17 años viviendo una vida que no eligió. Nunca pudo jugar con una muñeca o tomar un helado con sus padres.

Excombatientes y víctimas del conflicto armado se forman juntos en el parque para trabajar en las labores del campo.
Archivo EL TIEMPO
Sus familiares más cercanos hacían parte de la guerrilla de las Farc. “A uno lo manejan psicológicamente para que sueñe con ser un comandante y poner bombas», narró la joven. Tras una ofensiva del Ejército, María fue enviada a una misión de inteligencia que terminó por devolverle la libertad.
En 2015 hizo parte de uno de los grupos beneficiados por el proyecto que se ideó Jorge Ballen, presidente y fundador de Panaca, y que llegó a contar con el apoyo de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
Ahora, María sigue soñando con ser una mejor persona para darle una vida diferente a su primer hijo. Ella tiene siete meses de embarazo y sigue trabajando en una de las estaciones del parque temático.
“Dios me dio una segunda oportunidad y ahora voy a ser mamá. La adaptación a la vida civil fue dura los primeros días, no sabía que significaba una carrera, una avenida, ese tipo de cosas. Pero gracias a Panaca yo salí adelante. Tener la libertad fue lo mejor que me ha pasado en la vida, tomar mis propias decisiones», relató la mujer.
De otro lado, al igual que María, más de 2.360 personas, entre líderes campesinos, víctimas del conflicto, policías, soldados y excombatientes, se han graduado del programa técnico práctico agropecuario de la Fundación Panaca, sin embargo este proyecto está detenido desde hace meses.
Según explicó Ballen, pese a que la Fundación Panaca es una organización social sin ánimo de lucro «nos dicen que para contratar con el Estado colombiano debemos aportar el 30 por ciento de lo que vale el contrato, entonces eso paró en seco todo el programa educativo».
ARMENIA
