Aguablanca llora a la guerrera contra el hambre y la violencia
A la hermana Alba Stella Barreto no le temblaba la voz para pararse en la mitad de una de las calles de Marroquín II ni de otro lado de Aguablanca, y encarar a jóvenes armados y dispuestos a enfrentarse entre sí, cuando alguien cruzaba las llamadas ‘fronteras invisibles’.
“¡Se me van todos de aquí a hacer sus cosas a otra parte. Acá solo estamos para trabajar!”, decía la religiosa que en 32 años se convirtió en el alma de Aguablanca, que ayudaba a todo desplazado, a mujeres cabezas de hogar a salir adelante, al igual que a adolescentes embarazadas angustiadas y que hasta les arrancaba a niños y jóvenes a la delincuencia y las pandillas.
Todas estas personas, muchas de ellas desplazadas, lloran a la hermana Barreto, la bumanguesa que se volvió monja a los 16 años y que en los últimos 30 se dejó al descubierto sus cabellos que fueron tornándose más blancos con el tiempo y dejó de usar el hábito, sin perder su deseo y su esencia de ayudar a los desvalidos. Ella es la mujer que la muerte le arrebató al Distrito a las 2:55 de la tarde del domingo, pero que deja un legado solidario. La hermana ya venía con quebrantos de salud desde el segundo semestre del 2018, pero aun así no desfalleció por trabajar con tesón y empuje por los más necesitados en el oriente.

La velación se llevó a cabo este lunes en la parroquia Cristo Señor de la Vida, en Aguablanca.
Juan B. Díaz. EL TIEMPO
A todos ellos que lamentan su partida les enseñó que en la vida sí hay oportunidades, pero con trabajo honesto, como lo hizo cuando impulsó el banco de los pobres con microcréditos como un modelo revolucionario frente al ‘gota a gota’. Fue un modelo que la misionera instauró desde que llegó a Aguablanca, cuando se refugió en una especie de cambuche. Era la época, como la hermana misma solía decir, en que no había nada, solo trochas polvorientas, sin luz. Esta zona caleña, desde sus fundadores hasta las últimas generaciones, recordaron la herencia social, en la velación en la parroquia Cristo Señor de la Vida en Marroquín. Es el barrio donde nació fundación Paz y Bien, una de las obras insignia de quien fue una guerrera contra el hambre, que tenía temple cuando debía imponer disciplina, pero que se emocionaba cuando jóvenes de algún grupo violento abandonaban ese rumbo, mediante la iniciativa ‘Francisco Esperanza’ o salían adelante en el colegio Semilla de Mostaza.
Alicia del Socorro Meneses, una de las fundadoras de Paz y Bien, recordó que en 1987, cuando la hermana Alba Stella llegó a Aguablanca por recomendación del entonces arzobispo Pedro Rubiano, empezó a reunirse con ella y con otras mujeres en una ramada de Aguablanca que terminó en la hoy fundación social.
Elodia Nieves, directora de la entidad y también cercana a la hermana Barreto, dijo: “La hermana era amor y la fundación sigue con su espíritu”. Ella recordó que una tarde salieron decenas de vecinos a evitar que robaran el celular de la hermana.
En el velorio estuvo Luz Marina, ‘Lulú’, quien expresó: “La hermana me adoptó como a una hija cuando yo tenía 14 años. Ha sido mi mamá y mi amiga, la que nunca se irá de mi corazón”.
CALI
