La conciencia, los sueños y los cambios sociales

“Soñé toda la noche contigo”. Le dijo esa novia imaginaria, que solo era una conocida más. Mirándole fijamente le confirmó algo que sospechaba: “El problema es que sé que eras tú, pero no recuerdo qué pasaba”. Ante esa descripción, pensó que si estaba en los sueños de ella (quién vivía en su mente a cada instante) tendría alguna posibilidad de acceder a su corazón.

La novia hostil es para mucha gente esa ilusión que inspira en medio de las dificultades. Es una manifestación de la conciencia que se conecta con los sueños, las esperanzas y los ideales. Motiva a seguir resistiendo para no desfallecer, aunque parece inalcanzable y genere pánico al rechazo, saber que está soñando contigo aviva todas tus expectativas.

Existe una idea, un proyecto y una visión que sueña contigo. Búscala. Es hora que se encuentren y juntos transformen sus fantasías en la más certera realidad. Transformar a la novia imaginaria en la compañera de aventuras, es posible. Suma a su sueño el tuyo y unidos harán historia.

La conciencia ha sido descrita de múltiples maneras a lo largo de su tradición intelectual. Para algunos, es una percepción que define nuestra sensación del entorno y de la identidad.

El conocimiento depende de ella y la vida en sociedad sin conciencia es como habitar un cuerpo sin espíritu, carente de alma, que solo es estimulado por la inercia. Es imposible interpretar la existencia sin la comprensión de lo que nos rodea, lo que inspira y todo aquello que genera expectativa, curiosidad y deseo.

Conocerse a sí mismo es lo único que permite entender a los demás. No existe yo, sin nosotros. Como seres sociales, no vivimos sin otros.

Las decisiones más importantes de nuestra vida generalmente dependen de gente para quienes esas resoluciones no son relevantes, precisamente por falta de conciencia. Pero, detrás del egoísmo y las pugnas por el poder, hay una fuerza incontenible, irresistible e innegable: los sueños.

No existe yo, sin nosotros. Como seres sociales, no vivimos sin otros.

Atreverse a soñar es lo único que puede generar cambios en la cultura de la sociedad. Sin sueños ni conciencia social, lo único que varía es la apariencia, la actitud en ciertas situaciones, pero en esencia, se conservan los mismos patrones de comportamiento.

Si los sueños no inspiran una nueva conciencia social, los cambios sociales se reducen a una fantasía. Lo que se requiere para cambiar, son las cinco C: Conciencia, Compromiso, Capacidad, Cultura y sobre todo, Convicción.

La conciencia sin espíritu es un fantasma que espanta a aquellos que buscan el conocimiento. ¿Cómo atraer y motivar a quienes desean encontrar el equilibrio entre el deseo de conocer y la apatía que provoca la dificultad? El espíritu es fuerza creativa, vinculante y transformadora.

La esencia de la verdad es el espíritu que inspira a superar lo desconocido. Cuando te anima el espíritu que suma la voluntad, todos ven en tu mirada la fuerza que te aproxima al poder.

Lo que piensas te define, lo que dices te describe y lo que haces te transforma. Si decides sumergirte en el lenguaje de la depresión estarás divorciando tus ideas de tus acciones y sólo serás un ególatra para quien el yo no existe, porque se redujo a las palabras.

Quienes poseen el conocimiento científico y comparten con otros su experiencia, inspiran sueños que provocan cambios sociales. No son seres míticos, ni inmortales. Son nuevos líderes conscientes de la importancia de los sueños, que se comprometen con sus convicciones, para construir el yo, desde el nosotros. Así la novia hostil estará más cerca de alegrar el corazón.

Julio César Henríquez Toro

Abogado y catedrático universitario

Especial para EL TIEMPO

Barranquilla

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@JulioCesarHT