Terminó el idilio del capitán Jaime Carrillo con los aviones DC-3

Subirse al avión era el momento más preciado de su vida, inyectarle potencia a los motores era un regocijo mientras la aeronave se estremecía en medio del ronroneo que se apoderaba de la cabina; cuando empezaba a tomar velocidad sobre la pista y las alas cortaban el viento era sublime, pero la adrenalina, el éxtasis, el idilio para el capitán Jaime Carillo era cuando el DC-3 empezaba a quedar suspendido en el aire.

Esa era su vida, como la de tantos intrépidos pilotos que en la Orinoquia y la Amazonia, en las últimas décadas, han desafiado el conflicto armado, las tormentas eléctricas y las fallas de los camperos del aire, como les dicen a los viejos aviones que se estrenaron en la Segunda Guerra Mundial, pero que aún ayudan a construir la media Colombia olvidada.

En varias oportunidades el capital Carrillo retó la muerte. Las de mayor impacto fueron las de Carurú (Vaupés) cuando al avión despegaba lo impactaron ocho veces con proyectiles de fusil, disparados por guerrilleros de las Farc, y en Puerto Gaitán (Meta) la nave se incendió luego de aterrizar de emergencia.

Esos recuerdos volvieron a revolcarse en la mente de sus familiares y amigos durante los funerales del capitán Carrillo, a quien la experiencia y la pericia al mando de los DC-3 no le alcanzaron el pasado sábado 9 de marzo para salvar su vida y la de otros trece ocupantes del avión en que se dirigía a Villavicencio. Este martes lo despidieron sus familiares y amigos en la iglesia del Perpetuo Socorro en la capital del Meta.

Sueño desde niño

Hijo de un caporal llanero Ciro Carrillo y de María Gabrielina Montenegro. Nació en San Eduardo (Boyacá) en 1954, pero se crío en Aguazul (Casanare) y desde joven empezó a vivir en Villavicencio, recuerda su cuñado Carlos Perilla.

En su infancia soñaba volar viendo por televisión a pilotos y astronautas. “Desde siempre supo que su vida está allá arriba y que el suelo que pisaba era un estado temporal”, le dijo al José Vargas, que en mayo de 2012 cuando el periodista escribió una crónica sobre el capitán Carrillo, a propósito del DC-3 que se incendió en Puerto Gaitán.

Sus hermanos Indalecio y Rolfe lo apoyaron en su deseo de convertirse en piloto. Indalecio llegó primero a trabajar a la terminal área de Villavicencio como despachador y Rolfe murió en la cabina de un avión cuando lo pilotaba entre Cali y Bogotá, recuerda Perilla.

Avión DC-3 accidentado en el Meta

El avión DC-3 de matrícula HK 2494 en el que hizo su último vuelo el capitán Jaime Carrillo.

Foto:

EFE

En el aeropuerto Vanguardia empezó a trabajar como despachador en la empresa La Paz, rememora su amigo Segundo Cadena, que también fue despachador en el aeropuerto Vanguardia de Villavicencio.

A los 29 años se hizo piloto en la Escuela de Aviación del Pacífico. Voló como copiloto de nave Islander y Antonov, y como piloto de King 300 y Conver 580, hasta hacerse piloto del DC-3.

Las emergencias

Cadena recuerda que tuvo muchos incidentes, uno de ellos hace más de 15 años en el aeropuerto Vanguardia de Villavicencio, cuando le advirtió a Carrillo y a sus compañeros de tripulación “ustedes no se van del aeropuerto hasta que yo autorice el despacho”. No obstante, ellos hicieron el plan de vuelo, al decolar el avión se salió de la pista y el avión quedó parado en posición vertical sobre la nariz.

En el año 2010 tuvo una de los retos más complicados pues cuando despegaba de la pista en Carurú (Vaupés) “la guerrilla lo cogió a plomo” recuerda Perilla. Los disparos afectaron un motor, el tren de aterrizaje. Se declaró en emergencia y tras volar 18 kilómetros con un solo motor logró aterrizar a salvo.

Desde siempre supo que su vida está allá arriba y que el suelo que pisaba era un estado temporal”.

Perilla recuerda que en mayo de 2012 aterrizó en Villavicencio de emergencia por la falla de un motor. El vuelo traía de una zona apartada de la Orinoquia al entonces candidato a la senado Wilmar Barbosa, hoy alcalde de la capital del Meta.

El 6 de abril de 2016 cuando pilotaba el DC-3 HK2663 de Puerto Carreño a Villavicencio, tuvo que hacer escala en Puerto Gaitán por el mal tiempo. Los doce pasajeros que venían en el avión tuvieron que seguir en bus a la capital del Meta porque el mal tiempo se prolongó, mientras la tripulación pernoctó esa noche en un hotel de ese municipio.

Al siguiente día cuando despegaba de la pista de Puerto Gaitán, con rumbo a Villavicencio, uno de los motores falló y el capitán Carrillo y su tripulación inmediatamente tomaron vuelo para poder girar y volver a la pista. Tras la complicada maniobra lograron que el avión cayera sobre la panza y rodara hasta detenerse.

Sus compañeros de tripulación sufren leves heridas, mientras el capitán sale ileso. Y luego de que bajaron del avión y mientras el capitán Carrillo inspecciona la nave aparecieron llamas en un motor y en minutos el avión se quemó por completo.

El sábado pasado le falló el motor izquierdo que no pudo aislar para continuar la marcha, tampoco pudo utilizar el tren de aterrizaje, sus allegados dice que seguramente también falló el motor derecho, los investigadores de la Aeronáutica Civil, por ahora, descartan esa hipótesis.

Lo único cierto es que el capital Carrillo ya no podrá sentir la adrenalina, el éxtasis y el idilio pilotando un avión DC-3, herencia que le quedó a su hijo Edward, quien también es piloto.

NELSON ARDILA ARIAS

Corresponsal de EL TIEMPO

Villavicencio

Twitter: @nelard1