La banda de pescadores que hace música con molinos caseros

Desde que los habitantes de Playas Blancas le encontraron otro uso al tradicional molino de granos, más que para moler el maíz de los bollos o arepas que se sirven en el desayuno, sintieron en la vida les cambió y que algo bueno habían inventado.

El molino salió de las cocinas y patios de este pueblo perdido del Caribe colombiano para convertirse en un instrumento musical, con el que se interpretan alegres porros o vallenatos que le ponen sabor a las fiestas en los pueblos del sur del Magdalena.

Playas Blancas está enclavado a orillas de la ciénaga La Rinconada, en jurisdicción del municipio de Guamal y tiene más de 100 años de fundado. Aquí viven unas 400 personas, tiene dos calles destapadas, unas 200 casas, tres tiendas y un billar.

Recibe su nombre por las arenas blancas que deja en verano la ciénaga La Rinconada y que brillan con el sol, que aquí parece que estuviera más cerca de la tierra. Sus habitantes viven de la pesca y la agricultura. Casi no aparece en el mapa.

Fue en este lugar, donde un grupo de pescadores que mataba el aburrimiento, mientras realizaban sus faenas, con el ritmo que le sacaban a las tapas de ollas, tanques o baldes plásticos. Luego encontraron que al molino le podían sacar el sonido metálico como el de las trompetas, y con creatividad y perseverancia comenzaron a tocar la música de las papayeras, que es muy arraigada en esta zona.

“Descubrieron que el molino podía servir para algo más. Vieron que tiene dos orificios grandes y una boquilla, la cual forraron con un papel y comenzaron a soplar como si fuera una trompeta, hasta que le encontraron el sonido”, cuenta el profesor Gualberto Flórez Mendoza, quien es natural de Playas Blancas y es hijo de uno de los músicos.

Pero fue hasta el año 1997 cuando ya el uso de los molinos, como instrumento musical, era algo natural y común en las reuniones de los pescadores del pueblo, cuando los hombres decidieron armar una verdadera agrupación que recogiera esa tradición de sacarle sonidos alegres a esas cajitas de hierro para animar las fiestas, y fue así como nació La Banda de Los Molineros, orgullo de un pueblo y una región golpeada por la violencia de los paramilitares, la guerrilla y la misma corrupción, pero que sigue cantando para olvidar que permanece sumida en el olvido.

“Nos representan en todas partes y muestran nuestra cultura”, dice Enilce una joven de Playas Blancas, que no oculta la admiración que siente por la banda.

Les Luthiers criollos

Como si se tratara del afamado Les Luthiers, el grupo argentino musical-humorístico que crea música con instrumentos informales, utilizando materiales de la vida cotidiana, La Banda Los Molineros también han creado sus propios instrumentos, solo que sin la publicidad de los medios de comunicación, ni presentaciones en grandes teatros o clubes sociales, sino que son anunciados por perifoneo en los festivales o fiestas patronales de pueblos perdidos del norte de Colombia, y cumpleaños de pescadores o campesinos.

El molino Corona, esa máquina fabricada en hierro ‘colao’ fundido y pulido a excepción del mango del manubrio que está hecho de madera, y que en Colombia lo produce la firma Landers, fundada en 1953 en Medellín, es la base de esta banda musical.

El actual director de la banda es Elfidio Cuevas Cortés, un hombre de 69 años de edad, explica que solo utilizan el cuerpo del molino, es decir le quitan la base, que es lo que más pesa, la tolva, que es la especie de embudo por donde se echa el grano, además del gusano y disco moledor, tuercas, anillos. El manubrio se le deja para que la gente reconozca que se trata de un molino.

Cuevas explica que en orificio donde se ajusta el manubrio, se convierte en la boquilla por donde se sopla. Esta se forra con un papel sedoso y se ajusta con una liga de caucho. Cuenta que utilizan el papel donde viene el pan o las papitas. “La jugadita está en la garganta, desde aquí es donde se le pueden sacar los sonidos que uno quiera”, señala Elfidio, al asegurar que el sonido es similar al de una trompeta.

La banda está integrada por 13 músicos, que se olvidan de los trasmallos, canoas, azadones y machetes para tocar música. Seis tocan los molinos, mientras que la percusión la conforma un bongo, una conga, un redoblante y unos timbales, y el cantante que es la voz principal.

También está Bolívar Rojas, el hombre que de un calabazo saca el sonido de un bombardino, el cual parece un tubo de metal, porque lo pintó de plateado para pareciera una pieza de hierro como el molino.

Entrenan por las noches, en víspera de cualquier presentación o invitación. Luego de terminar sus faenas, dejan sus herramientas de trabajo, cogen los molinos y se encuentran en cualquier patio de la casa para practicar. Por eso no suena desafinados, ni se ven descoordinados.

El mantenimiento de los molinos es muy básico, solo pintura y algo de lija en la boquilla cuando siente que se abre un poco. “Primero se acaba uno ante que este instrumento”, dice Elfidio.

En todos los pueblos de esta región del sur del Magdalena La Banda Los Molineros es conocida. “Tocamos porros o vallenatos, lo que nos pidan, si nos lo sabemos lo tocamos”, comenta Gualberto Flórez, otro de los músicos.